Grandma

Time pass, that’s for sure. Este epigrama de la poetisa Eileen Myles introduce, y a su vez sentencia, Grandma, una película que manifiesta que el tiempo pasa y, a medida que pasa, tenemos que tomar decisiones y, con ellas, cometemos errores, y nunca es posible volver atrás.

La joven Sage acude a su abuela Elle porque necesita dinero urgentemente para interrumpir su embarazo, eludiendo contárselo a su madre. Elle carece de dinero y de tarjetas de crédito, y decide visitar a viejos amigos para pedirles ayuda. Así, ambas se embarcan en el coche vintage de la abuela (no podría ser más apropiado) en un viaje no en el espacio sino en el tiempo, al pasado de Elle.

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Desde el minuto uno de la película, la abuela, que no es una abuela común, seduce con su personalidad agria por fuera y dulce por dentro, y esto hay que atribuirlo a un guión lúcido y, también, al excelente trabajo de la actriz Lily Tomlin, que tiene la habilidad de dar vida con gran verosimilitud a un personaje quizá algo estereotipado (lesbiana, feminista, rebelde…). Y es que, Elle es la piedra angular de la cinta. Una mujer cáustica de carácter complicado, soberbia y orgullosa, pero de mirada tierna. Misántropa y filántropa. Escritora que no escribe porque ya no la leen. Mayor y, por tanto, sobrellevando un pesado pasado como marcan sus tatuajes, pero libre y vital.

Lily Tomlin, habitual de papeles secundarios, demuestra aquí su destreza interpretativa como protagonista, aunque su aptitud ha sido ya acreditada con trabajos anteriores en comedia o drama. Memorable es la pareja estrafalaria que formaba junto a Tom Waits en Short Cuts de Robert Altman. Con su papel de cantante de gospel de suburbio en Nashville, también de Altman, estuvo nominada al Óscar, y se habla de que, quizá esta vez, lo gane.

Destaca también la aparición de Sam Elliott en este filme, con su presencia y voz rotundas, representando a un antiguo marido de Elle al que visitan en su recorrido. Conmueve el reencuentro de dos viejos amigos, un hombre resentido y una mujer compasiva pero incapaz de ayudarle. El beso que se dan rezuma intenso dolor, no pasión.

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Los personajes de la nieta y su madre, en cambio, no están tan logrados. El de la nieta, a cargo de Julia Garner, resulta algo aséptico. De la madre, interpretada por Marcia Gay Harden, poco se sabe aparte de que es una mujer muy ocupada. Elle y ella no se hablan, y no queda claro por qué. La exnovia de Elle, que acaba de romper con ella, la dueña de una librería feminista, una transexual y varios personajes masculinos poco relevantes completan el elenco. Es una película sobre mujeres donde los hombres no quedan muy bien parados.

En definitiva, la cinta es una comedia aguda (imprescindible ver en versión original) y muy entretenida. No parece que el director y guionista, Paul Weitz, director también de la popular American Pie y de la reciente serie para televisión Mozart in the jungle, tenga grandes pretensiones con ella, pero el resultado es muy positivo. Y, aunque trata temas controvertidos como el aborto, carece de moralina, lo cual se agradece. Quizá no sea una película de las que dejan poso, pero se disfruta mucho.

Y sigue pasando, sin tregua. Todo lo demás es cuestionable, pero que el tiempo pasa, no.

Almudena Claudio

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