La sutil extravagancia de las relaciones familiares

“¿Es la literatura más importante que la vida?”

Wolf Daddy, Hyenong-yoon Jang. 2005

La vida de un joven escritor se ve alterada por una inesperada rutina familiar y el protagonista se encuentra en una encrucijada entre su deseo de alcanzar sus objetivos profesionales y la sorprendente felicidad que le provoca su nueva situación personal. El argumento es de por sí atractivo pero aumenta su interés con ciertos detalles disparatados. En primer lugar que el solitario escritor es un lobo, un lobo escritor de cierto éxito, pues acaba de recibir el premio al mejor escritor novel y está intentando superar el escollo de los terribles prejuicios hacia la literatura lobuna. Y además, la familia que se reúne a su alrededor no es precisamente una camada homogénea, sino que resultan ser una serie de personajes de lo más variopintos.

La narrativa visual es variada y siempre al servicio de lo que se quiere transmitir. El cortometraje presenta unos planos generales más bien estáticos con un ritmo lento que nos ayuda a comprender la tranquilidad y solitud de la vida del protagonista antes de que todo cambie. Sin embargo, también hay planos más audaces como el cenital cuando conoce a la pequeña Young-hee que, en un momento tan conflictivo, nos hace distanciarnos de la situación y comprender mejor la personalidad y las acciones del protagonista. O el plano en el que Young-hee inspecciona su nueva casa, en el que la imagen se centra en ella y, por la diferencia de tamaño, la cabeza del protagonista queda cortada. Por no mencionar la delirante escena de la nevera que está narrada con gran efectividad cómica.

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La historia se organiza a través de varios fundidos que van dando inicio y término a las diversas etapas de la trama, acelerando y dilatando el tiempo según sea necesario en cada escena. Estos fundidos unidos a la reiterada broma de la mujer con el paraguas que llama a la puerta de la casa del escritor, van conformando una estructura uniforme que sirve de contrapunto a los pequeños y deliciosos disparates del argumento. Por otro lado, tanto la delicada música como la voz en off constante y sobre todo, el inalterable ritmo de este discurso en off, siguen insistiendo en esa imperturbable templanza que parece una forma de vida para el protagonista.

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Los personajes son otra de las bazas de este cortometraje. Cabe destacar la enorme ternura que transmite tanto el personaje del lobo en sus tareas de padre primerizo como la niña que, cuando la dejan sola un momento, juega ante el espejo a simular que tiene unas grandes orejas como su padre. El director, Hyenong-yoon Jang, tanto en esta, su primera pieza, como en el resto de sus obras (el cortometraje A Coffee Vending Machine and Its Sword y la película La chica satélite y el chico vaca) parece disfrutar mezclando personajes humanos con otro tipo de criaturas con una consciencia igualmente humana, ya sean lobos, vacas o máquinas de café. En sus obras la percepción de la normalidad queda abatida por una extraordinaria y sorprendente imaginación sin cortapisas. Esta es una obra de una sutil extravagancia sobre una familia tan solo un poco más excepcional que la de cualquiera de nosotros.

Mar Nolasco