Mis películas de 2015

Buenas,

Estas son mis listas, aunque no sé si inteligentes:

INTERNACIONAL (por orden de preferencia)

Leviatán

Heimat

Mandarinas

The Assasin

45 años

El Club

Phoenix

Calvary

Nightcrawler

El Clan

 

NACIONAL

Los exiliados románticos

Truman

Techo y comida

Sólo he visto estas tres películas españolas en 2015, y las tres me han gustado, pero no sé si puede considerarse una lista muy digna, pues apenas he visto cine español.

Un abrazo,

Almudena

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Grandma

Time pass, that’s for sure. Este epigrama de la poetisa Eileen Myles introduce, y a su vez sentencia, Grandma, una película que manifiesta que el tiempo pasa y, a medida que pasa, tenemos que tomar decisiones y, con ellas, cometemos errores, y nunca es posible volver atrás.

La joven Sage acude a su abuela Elle porque necesita dinero urgentemente para interrumpir su embarazo, eludiendo contárselo a su madre. Elle carece de dinero y de tarjetas de crédito, y decide visitar a viejos amigos para pedirles ayuda. Así, ambas se embarcan en el coche vintage de la abuela (no podría ser más apropiado) en un viaje no en el espacio sino en el tiempo, al pasado de Elle.

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Desde el minuto uno de la película, la abuela, que no es una abuela común, seduce con su personalidad agria por fuera y dulce por dentro, y esto hay que atribuirlo a un guión lúcido y, también, al excelente trabajo de la actriz Lily Tomlin, que tiene la habilidad de dar vida con gran verosimilitud a un personaje quizá algo estereotipado (lesbiana, feminista, rebelde…). Y es que, Elle es la piedra angular de la cinta. Una mujer cáustica de carácter complicado, soberbia y orgullosa, pero de mirada tierna. Misántropa y filántropa. Escritora que no escribe porque ya no la leen. Mayor y, por tanto, sobrellevando un pesado pasado como marcan sus tatuajes, pero libre y vital.

Lily Tomlin, habitual de papeles secundarios, demuestra aquí su destreza interpretativa como protagonista, aunque su aptitud ha sido ya acreditada con trabajos anteriores en comedia o drama. Memorable es la pareja estrafalaria que formaba junto a Tom Waits en Short Cuts de Robert Altman. Con su papel de cantante de gospel de suburbio en Nashville, también de Altman, estuvo nominada al Óscar, y se habla de que, quizá esta vez, lo gane.

Destaca también la aparición de Sam Elliott en este filme, con su presencia y voz rotundas, representando a un antiguo marido de Elle al que visitan en su recorrido. Conmueve el reencuentro de dos viejos amigos, un hombre resentido y una mujer compasiva pero incapaz de ayudarle. El beso que se dan rezuma intenso dolor, no pasión.

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Los personajes de la nieta y su madre, en cambio, no están tan logrados. El de la nieta, a cargo de Julia Garner, resulta algo aséptico. De la madre, interpretada por Marcia Gay Harden, poco se sabe aparte de que es una mujer muy ocupada. Elle y ella no se hablan, y no queda claro por qué. La exnovia de Elle, que acaba de romper con ella, la dueña de una librería feminista, una transexual y varios personajes masculinos poco relevantes completan el elenco. Es una película sobre mujeres donde los hombres no quedan muy bien parados.

En definitiva, la cinta es una comedia aguda (imprescindible ver en versión original) y muy entretenida. No parece que el director y guionista, Paul Weitz, director también de la popular American Pie y de la reciente serie para televisión Mozart in the jungle, tenga grandes pretensiones con ella, pero el resultado es muy positivo. Y, aunque trata temas controvertidos como el aborto, carece de moralina, lo cual se agradece. Quizá no sea una película de las que dejan poso, pero se disfruta mucho.

Y sigue pasando, sin tregua. Todo lo demás es cuestionable, pero que el tiempo pasa, no.

Almudena Claudio

Heimat, la otra tierra

El lugar y el tiempo en el que nacemos condicionan inexorablemente nuestra existencia. En la Alemania de hace 170 años, época en la que ya se había iniciado el desarrollo industrial y se estaban produciendo cambios drásticos en la sociedad, la población de los pueblos, que había aumentado mucho en los últimos años, seguía viviendo de la tierra. Los hombres y mujeres trabajaban en ella sin descanso, pero la tierra no les abastecía. Dominaba la pobreza y el hambre.

Eran pobres, pero no analfabetos. La educación ya era obligatoria, y muchos jóvenes, conocedores de otros lugares prósperos, soñaban con emigrar a América. Muchos lo hicieron, sabiendo que nunca volverían a casa.

Podría decirse que Edgar Reitz ha consagrado su vida a un proyecto único: contar la historia reciente de Alemania a través de las vivencias de una familia ficticia, los Simon, en un pueblo imaginario, Schabbach. Dedicó tres décadas al rodaje de una serie de televisión nada convencional, por su gran calidad e innegable lenguaje cinematográfico. Laureada en Alemania y muy apreciada por grandes del cine, lamentablemente no fue muy popular internacionalmente. La serie Heimat, de tres temporadas y 30 capítulos, se desarrollaba entre los años 1919 y 2000, y reflejaba cómo los importantes acontecimientos que se produjeron en Alemania en ese periodo de tiempo guiaron las vidas de los miembros de la familia Simon. Completando la serie, Reitz nos ofrece ahora una película homónima que es una precuela de la serie, pues nos cuenta la historia de los Simon antepasados entre los años 1842 y 1844, en el mismo pueblo, y en plena ola de las migraciones europeas.

Jakob Simon es un joven que devora los libros. Siempre que puede, elude ayudar a su padre en la herrería o trabajar en el campo, pues desea dedicar todo el tiempo posible a la lectura, incluso robando horas al sueño. Es su forma de evadirse, como lo es también buscar la soledad en la naturaleza. Una naturaleza bella, salvaje y verdadera, sin intervención humana. Jakob sueña con iniciar una nueva vida en Brasil, estudia las lenguas de esas tierras lejanas y prepara con calma su marcha. Mientras, su abuela le advierte que tenga cuidado con lo que sueña, pues algún día podría hacerse realidad. Su hermano mayor Gustav, más pragmático, vive el día a día sin pensar demasiado en el futuro, dejándose llevar al compás de los acontecimientos.

Hay muchas cosas que destacar en esta película, de cuatro horas de duración pero realmente amena (en el cine hacen una pausa de cinco minutos, pero una está tan abstraída por la belleza de las imágenes que hasta se olvida de necesidades terrenales). El mimo que Reitz profesa a sus personajes trasciende la pantalla, y la puesta en escena es excelente: el mismo pueblo, la misma casa que aparecía en la serie, están en la película pero ambientadas con gran verosimilitud ochenta años antes.

Las imágenes están construidas con artesanía. El manejo del encuadre consigue que en un momento dado te centres en las violetas de un campo o en una mirada expresiva y contenida. Domina el blanco y negro, que consigue conectar más íntimamente con el espectador que una imagen a color. Pero también hay destellos de color, materializado en pequeños objetos que el autor quiere destacar. La música, exquisita en sí misma, acompaña con esmero cada fragmento de la cinta. Los actores, que en algunos casos son debutantes, están a la altura. La actriz Marita Breuer, madre de los hermanos protagonistas, también aparecía en la serie, y hay un cameo de Werner Herzog del que no me percaté hasta leer los créditos. El guión está cuidado con esmero, abundando diálogos ingeniosos. Cada uno de los elementos está cuidado al detalle, pero como ocurre en las obras de arte, la suma de las partes es mucho más.

La vida puede ser especialmente dura para los soñadores como Jakob, la áspera realidad siempre acaba ganando la batalla, de una manera u otra, y las premonitorias palabras de la abuela terminan cobrando sentido. Pero la vida también es bella por muchas razones, entre ellas, el cine. Seguramente Jakob sería un cinéfilo empedernido en nuestra época.

Almudena Claudio