Los odiosos ocho, 2016.

Cartel de la películaHay una tendencia en el cine reciente en la que sino haces una película eterna, parece que no demuestras tu talento. Da la sensación, a veces, de que hay que justificar el precio de la entrada con la duración: “seguro que si es larga, es que es buena”. Un error a mi parecer, ya que, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Los odiosos ocho dura 167 minutos. Se trata pues de una apuesta arriesgada: tratar de mantener la atención del espectador durante tanto tiempo es una tarea complicada. Con Tarantino presupones que no va a haber problema, sus películas suelen producir de todo menos aburrimiento o escaso interés. Esta película, sin embargo, no logra tal efecto. El elemento tiempo juega una mala pasada.

La historia empieza con un viaje por un nevadísimo Wyoming, en el que un cazarrecompensas y una fugitiva tratan de llegar a su destino, Red Rock, en donde ella será entregada a la justicia. El camino se complica con la aparición de una serie de personajes que van acompañando a los primeros; la inminente tormenta les obliga a buscar refugio en la mercería de Minnie, una cabaña en mitad de la nada con una encantadora dueña. Y es ahí donde, con un formato más teatral que cinematográfico, los odiosos ocho protagonistas de la cinta, tratan de averiguar quién es cada uno y saldar viejas cuentas.

Existe una buena armonía entre los actores, es un puzzle en el que las piezas encajan perfectamente. Tarantino le tiene el punto pillado a sus actores y se nota.Fotograma de la película

Samuel L. Jackson en su papel de ex soldado reconvertido en violento buscavidas, sublime hablando de sus grotescas prácticas sexuales o su pronto detectivesco de lo más intrigante; Tim Roth y su reflexión sobre la justicia; Jennifer Jason Leigh como Daisy Domergue, salvaje delincuente, brilla entre tanta testosterona.

Se echa de menos un poco mas de profundidad en la historia de estos personajes tan variopintos, con semejante metraje, se podría haber hecho una panorámica más completa; quizá hubiera sido más estimulante, porque…hay algo en esta película que no encaja. La cuestión es que el conjunto está descompensado con pasajes que no aportan información a la historia y se hacen tediosos y otros en los que el guión brilla con luz propia. Demasiado desequilibrio.

Está claro que este director tiene su sello propio, personalidad inconfundible, un estilo muy especial; en este caso no es “una más de Tarantino”, sino que parece un homenaje a sí mismo, una exposición de sus fetiches, una muestra excesiva de lo que le gusta: la sangre, los diálogos irreverentes, los juguetes rotos, la violencia. Es una explotación de sí mismo sin mesura, se pierde el gancho al que nos tiene felizmente acostumbrados.

 

 

Beatriz Carratalá

 

Mis películas de 2015

Películas Nacionales

A cambio de nada, Daniel Guzmán

Un día perfecto, Fernando León de Aranoa

La novia, Paula Ortiz

Negociador, Borja Cobeaga

Truman, Cesc Gay

 

Películas Internacionales

Inherent Vice, Paul Thomas Anderson

Sicario, Denis Villeneuve

Irrational Man, Woody Allen

Still Alice, Richard Glatzer y Wash West

The Imitation Game, Morten Tyldum

Una segunda madre, Anna Muylaert

Fury, David Ayer

El año más violento, J. C.  Chandor

 

 

Beatriz Carratalá

The Assassin (2015)

En la China medieval, una asesina profesional vuelve a casa después de un largo exilio con la misión de acabar con un antiguo amor por venganza; surge entonces la difícil situación de dejarse Cartel The Assassinllevar por el deber o atender a las emociones.

Se trata de una interpretación muy particular que hace el taiwanés Hou Hsiao-Hsien del género wuxia. Para aquéllos poco conocedores de éste, es específico de la cultura china,  y se trata de una combinación de artes marciales, pelea, lucha… (Wu 武) e historias de caballeros (Xia 俠).

The Assassin es una película que se enmarca perfectamente en las historias narradas en este género: héroe (heroína en este caso) atormentado que ha experimentado alguna tragedia en su pasado y se ve obligado a recorrer un camino literal o metafórico que le enseñará una gran experiencia (normalmente en forma de artes marciales) por parte de grandes maestros; y al final acabará demostrando tener un gran poder físico o espiritual con el que podrá derrotar a su enemigo.

A pesar de ello y siendo un planteamiento sencillo, la trama resulta complicada de entender, la historia se presenta incompleta: porqué está tan atormentada la protagonista? Qué siente por su víctima al volver a verla? Cuál fue su historia? Es tal la frialdad de esta justiciera, que en ningún momento se empatiza con ella ni con su causa; tampoco crees en el duelo por el amor perdido.

Quizá sea por un excesivo uso de los silencios y una ausencia de un guión de peso que ayude a orientar al espectador, quien debe interpretar demasiados puntos de la película o, simplemente, conformarse con los elementos visuales.

EsFotograma de la películatéticamente muy cuidada, desde el vestuario hasta los impresionantes paisajes llenos de colores. Visualmente supone un absoluto disfrute. Sin embargo, más allá de eso, resulta lenta y, en ocasiones, aburrida. Los planos transcurren despacio, introduciendo saltos repentinos que te colocan en otra situación sin un engarce o conexión coherente.

No se aprovecha una de las características más destacables de este tipo de películas: las peleas. Suelen ser apasionantes, coreografías en plena naturaleza, llenas de saltos y maniobras imposibles, donde los actores bailan con su enemigo de manera sutil pero con sed de venganza.

Le falta ritmo y una pizca de adrenalina.  Algunas películas emblemáticas de este género, como Tigre y Dragón, La casa de las dagas voladoras o La Maldición de la flor Dorada, partiendo de un argumento parecido, rebosan emoción, belleza, intriga, amor, pasiones imposibles y un importante despliegue de recursos materiales y humanos que hacen de cada una de ellas una experiencia artística completa. En este caso, The Assassin se queda coja en estos atributos.

 

 

Beatriz Carratalá

El Clan (2015)

Debe ser difícil vivir una transición política, y más cuando el cambio es rotundo. PEl Clanor un lado, la emoción que todo cambio produce; por otro lado, el temor a lo nuevo, a perder lo que ya tienes, a que lleguen los nuevos y trunquen tus aspiraciones y se hagan con lo logrado. Que todo el esfuerzo que has hecho durante años, se lo lleve de un plumazo un gobierno con nuevas políticas y leyes. Los cambios políticos suelen ir acompañados de una etapa de nerviosismo, intranquilidad y expectación. En estos casos, hay que buscarse la vida.

El contexto de esta inquietante y aterradora película, es un contexto de transición y tiene mucho que ver con su argumento. Ambientada en la Argentina de los años 80: la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional que gobernó al país desde 1976 a 1983 llega a su fin y Raúl Alfonsín es nombrado presidente del gobierno. Considerado por muchos el “padre de la democracia moderna en Argentina”, su gestión es conocida principalmente por la realización del Juicio a las Juntas, en donde se investigaron y condenaron los crímenes cometidos durante la dictadura precedente. Sin embargo, las presiones del ejército derivadas de muchos años de poder, siempre estuvieron acechando su mandato.

En este escenario y basada en hechos reales, Pablo Trapero recrea la historia de los Puccio, una acomodada familia residente en el municipio de San Isidro, al norte de Buenos Aires.  Arquímedes Puccio, patriarca del clan,  fue miembro de una unidad especial de inteligencia del Ejército Argentino, la cual fue célebre por tener una activa participación en la “guerra sucia” y en la “Operación Condor” (organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores). En el caso argentino, existieron numerosos secuestros extorsivos perpetrados por policías o miembros del ejército.

Es pues Arquímedes Puccio, el cerebro de esta trama de secuestros, extorsión y asesinatos en el seno de su propia familia. Se trata de un escalofriante ser sin bondad, ni compasión, ni empatía; carente de cualquier rasgo que caracteriza a un ser dotado de humanidad y corazón. Interpretado por un soberbio Guillermo Francella,  consigue arrastrar a su familia a los límites más insospechados.

Todos ellos son cómplices en mayor o menor medida-especialmente Alejandro-el modélico hijo mayor, miembro de la selección argentina de rugby, que se vale de su popularidad para cometer y encubrir crímenes atroces junto a su padre-.

Precisamente, es esta enfermFotograma películaiza relación padre-hijo, de los puntos más destacables de la historia. Una relación de admiración y respeto profundo por un lado, un rencor e inevitable cargo de conciencia por otro. El joven intenta desesperadamente abandonar las prácticas de su padre pero éste le soborna y le manipula hasta la esquizofrenia. El momento de más tensión llega en la cárcel, un duelo entre padre e hijo en el que todas las miserias de su relación salen a la luz y que conducen al joven a tomar una decisión desesperada que trunca su vida para siempre.

Toda la película transcurre con una naturalidad abrumadora bajo la cotidianidad de una familia “normal”. Su modus operandi -a plena luz del día, en zonas de nivel alto y utilizando teléfonos públicos para llevar a cabo la extorsión de las familias-es el elemento que más cuesta creer, por las evidencias que dejan a su paso; sin embargo, estas actividades estaban a la orden del día y el clan gozaba de una cierta inmunidad.

La banda sonora es implacable, un rock potente que consigue convertir los momentos más delicados en pura adrenalina, llegando incluso a restarle importancia a los hechos narrados. Es una  música que acompaña, una música que funciona.

Pablo Trapero, vuelve a demostrar en esta cinta su capacidad para mostrar los elementos más desgarradores del ser humano- como ya hizo en Carancho y Leonera- en donde la angustia y el miedo vuelven a ser piezas angulares dentro de un argumento cargado de un contundente realismo.

 

Beatriz Carratalá

Taxi Teherán

Taxi-Teheran-Cartel
Taxi-Teheran-Cartel

Siendo admirable la labor de un director de cine como Jafar Panahi, su última película no termina de resultar convincente. Admirable su labor porque tiene prohibido rodar películas en su país, Irán, por ser ideológicamente incómodo para el gobierno (acusado de “actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el estado”). Admirable porque a pesar de ello, las rueda y siempre tratando de hacerlo dentro del marco de legalidad que considera oportuno: dentro de su propia casa o, como en el caso que nos ocupa, dentro de un taxi que da vueltas por la ciudad de Teherán recogiendo pasajeros. Admirable también porque a pesar de las restricciones que sufre a la hora de rodar, se las ingenia para conseguir contar/denunciar siempre el sinfín de situaciones injustas e ilegales que sufre su país debido a la autoridad de un gobierno de tintes represivos.

Dentro del marco de esta represión, resulta muy interesante el juego que plantea: al rodar dentro de un espacio mínimo en movimiento,  consigue mostrar la realidad del día a día de su ciudad, pero dando en todo momento una sensación de encerramiento, claustrofobia y una paradójica falta de movimiento (sensación que debe sentir el propio director en su día a día al no gozar de la libertad plena de hacer lo que le gusta y dedicarse a su pasión que es hacer cine. Hay que recordar que estuvo en la cárcel, hizo una huelga de hambre, sufrió arresto domiciliario y actualmente espera la confirmación de una nueva pena de 6 años de cárcel y 20 de inhabilitación profesional).

A pesar de un buen planteamiento y unas buenísimas intenciones, se trata de un intento fallido de conseguir reflejar naturalmente un día cualquiera en la ciudad de Teherán. Su cámara, situada en el salpicadero del coche, trata de capturar el espíritu de la sociedad de su país a través de la comedia y el drama. Sin embargo, no termina de resultar creíble el elenco de personajes tan dispares que suben en el taxi, desde el hombre que aparece ensangrentado tras un accidente de moto, hasta el vendedor clandestino de películas prohibidas,  pasando por la abogada y activista pro Derechos Humanos, Nasrin Sotoudeh, quien tampoco puede ejercer su oficio desde 2011 por decisión judicial.

Digamos que cada “viajero” representa el papel que Panahi ha querido, lo cual sería normal como director de la cinta que es; sin embargo, no era la intención originaria ni mucho menos la idea con la que se ha vendido la película: falso documental sujeto a hechos inesperados y totalmente aleatorios.  La sensación es de naturalidad guionizada y poca espontaneidad, que alcanza su momento álgido con la aparición de la sobrina del director, que enumera rápidamente las pautas que le ha dado su profesora de cine para hacer una película “distribuible”,  dentro de la clara censura y enormes limitaciones a la libertad de expresión dentro de un país como Irán.

Siendo una idea maravillosa, no dejan de resultar tediosas tantas idas y venidas, tanta entrada y tanta salida de gente del taxi, bajo la mirada complaciente del director (taxista), que no manifiesta en ningún momento opinión alguna de lo que pasa en ese espacio, mostrándose contenido y estático. Algo que no ocurría en uno de sus anteriores proyectos, la premiada Esto no es una película (2011), donde realiza reflexiones magistrales.

 

Beatriz Carratalá