Algunos comentarios personales sobre Fantasia

Es posible que uno de los momentos más emocionantes para un espectador que asiste a un espectáculo artístico sea el empleado por una orquesta sinfónica antes de empezar un concierto, el momento del calentamiento. Los músicos van apareciendo en el escenario, toman sus instrumentos y comienzan a tocarlos. El desordenado y caótico bailoteo de sonidos de cuerdas, vientos y percusiones atrapa la atención del espectador, encamina su percepción, y abre nuevas puertas hacia sensaciones diferentes. El director aparece y se produce el silencio, todos le miran. Hay un saludo al público, palmas, más silencio, un gesto y comienza el concierto. Es un ritual conocido y repetido, pero nunca es idéntico al anterior o al que se produce en otra parte del mundo, porque depende de la experiencia personal de cada espectador. Es uno de los grandes momentos en cualquier arte.

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Fantasia comienza como cualquier concierto, con el calentamiento, y el poder hipnótico que produce es el mismo que si estuviéramos en el auditorio. Empleando un escenario donde sólo se distinguen los perfiles de músicos reales, no animados, el efecto es similar al que conseguía Lotte Reiniger y sus siluetas maravillosas. A partir de ahí comienza una película experimental y arriesgada, una interpretación sobre lo que significa la música de la mano de un grupo maravillosos de dibujantes, escritores, músicos, fotógrafos, técnicos, artistas y especialistas de diversas disciplinas, liderados por un visionario genial, Walt Disney. Según las propias palabras del conductor de la película, la intención es “crear una nueva forma de entretenimiento”, nada menos. Cualquier interpretación de de cualquier cosa es subjetiva, y si se trata de algo tan complejo como la música es imposible que nadie tenga la interpretación definitiva. En el caso de Fantasia seguro que tampoco lo es, pero ni mucho menos se trata de una interpretación más, ya que sin duda es esencial y referencial.

Hay que poner en contexto la película para apreciar aún más su valor. La producción se realizó durante los últimos años de la década de los 30 del siglo XX, y fue estrenada en 1940. La música popular se escapaba de las serias y elitistas salas de conciertos para entrar en las casas a través de la radio, incorporando nuevas formas, géneros y estilos, impulsando así a la industria musical hacia sus años de gloria. En esta situación, probablemente, Fantasia supuso un doble punto de inflexión: por un lado se trata uno de los grandes homenajes a la música clásica en toda su historia, pero al mismo tiempo supuso el canto del cisne de esta música “culta” como referencia principal en la cultura popular, barrida por el jazz, el blues, las big bands, los crooners, y los incipientes rock y pop. Ya lo avisan siempre los supersticiosos, no quieren homenajes en vida, por si acaso…

La primera pieza es un homenaje a la orquesta sinfónica y a sus músicos, con el acompañamiento de la Tocata y Fuga de J.S. Bach. Se divide en dos partes, una que prolonga la anteriormente mencionada visión de la orquesta como un conjunto de siluetas que se duplican, multiplican y superponen, usando complicadas técnicas fotográficas y ópticas innovadoras para la época, y origen de futuros avances en la animación (recomendación: buscar información sobre el mágico libro de Herman Schultheis). La segunda parte del segmento da entrada a la animación, usando imágenes conceptuales y abstractas de tierra, agua y cielo, también de los instrumentos musicales. Tonos pasteles, ondulaciones, reflejos y brillos, inducen a una interpretación libre de la música que escuchamos, sin dirigirnos hacia ningún sitio en concreto con la idea nada oculta de hacernos ver es más importante nuestra percepción que lo que se nos muestra. Creo que se trata de un ejercicio de humildad dentro de su ambición, dejando el protagonismo a la música.

El cuento de hadas, tema recurrente en la filmografía Disney, se representa con El cascanueces de Tchaikovsky. Brillantes animaciones de las hadas voladoras nos llevan a un mundo que se va iluminando a su paso, con momentos sublimes como el de la tela de araña o el final con las estructuras geométricas de copos de nieve. Todo el corte es un repaso a elementos de la naturaleza, con suaves transiciones entre cada uno de los números. Los dibujantes Disney se apropian de setas, flores, burbujas, hojas, semillas o peces para dotarles de capacidades y movimientos rítmicos, unos pueden ser divertidos (setas chinas), y otros más sensuales (peces o hadas). El episodio enlaza perfectamente con el primero, siendo como una evolución visual a lo que inicialmente sólo eran imágenes conceptuales, son haber en ninguno de los dos casos un hilo argumental definido, la protagonista sigue siendo sobre todo la música, que es la que hace vivir a los personajes.

El aprendiz de brujo, con la música de Dukas, puede ser la pieza que narrativamente sigue una estructura más convencional, y no deja de ser también un homenaje al cine mudo. De esta historia se extrae la icónica imagen de Mickey Mouse con el sombrero de brujo y escoba rebelde en ristre. En un castillo de atmósfera expresionista con iluminación tenue y sombras alargadas, Mickey vive una aventura al intentar emular a su maestro mago, la cosa se le va de las manos como era de esperar. Quizás porque esta pieza sea la más tradicional en el sentido narrativo y visual, y aunque se trata hoy día de un clásico, produce peor encaje en un conjunto más sugerente que concreto. Como curiosidad, al final se da otro de esos momentos clásicos Disney que siempre han producido gran impacto en el público, Mickey se acerca al director de orquesta Stokowski y le saluda, uniendo personaje real con personaje de animación en una misma escena.

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La consagración de la primavera de Stravinsky nos presenta al único compositor contemporáneo a la película. La relación entre Disney y el músico parece que en un principio fue cordial, incluso de entusiasmo por la colaboración y el resultado, para enfriarse en el transcurso de años posteriores si nos atenemos a declaraciones de Stravinsky. Este segmento nos lleva de nuevo al terreno de lo evocador. El narrador avisa de que no se trata de una pieza artística sino científica, intentado de manera ambiciosa reproducir el origen de la Tierra y de la vida, desde los cuerpos celestes hasta la desaparición de los dinosaurios. Las similitudes con episodios equivalentes en El árbol de la vida de Malick, o incluso con 2001: una odisea en el espacio de Kubrick, son muy evidentes, lo que demuestra que la influencia de esta película ha alcanzado y alcanza a artistas de generaciones posteriores. El episodio es denso y poco colorido, sigue una linea oscura probablemente intencionada para conseguir el objetivo de que el espectador se centre en cómo sucedieron las cosas, más que en la forma de representarlas. Personalmente me resultó el más aburrido, quizás por la comentada reiteración de episodios similares en películas posteriores, aún así hay que darle el gran valor de ser el pionero.

El descanso es digno de mención, ya que se hace un guiño al género que estaba a punto (si no lo había conseguido ya) de ocupar el lugar privilegiado de la música clásica como género de consumo masivo. Un contrabajista se relaja y a partir de una serie de acordes en solitario, se genera una improvisada y breve jam session entre varios de los miembros de la orquesta. Lo libre y lo divertido de la acción pronostica que algo está cambiando para que todo quede igual, siempre se va a tratar de la música, sea del género que sea. El descanso se completa con un momento didáctico de gran brillantez en el que se representa el comportamiento de una banda sonora mediante una sencilla línea con personalidad propia que vibra según el rango de frecuencias a la que es expuesta. Es casi imposible pensar en otra manera de mostrar algo tan complejo de una forma tan simple, en el mejor sentido de esa palabra.

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La película continúa con otro de los episodios que podríamos considerar “convencionales”, ya que se trata de un día en los alrededores del Monte Olimpo dominado por el dios Zeus. La sinfonía Pastoral de Beethoven acompaña a la historia. Personajes mitológicos que mezclan la representación de dibujos de un perfil y estilo más bien infantil (pequeños unicornios y faunos) con otros de rasgos y comportamientos más amorosos y sensuales (unicornios adultos). El bucólico y, esta vez sí, colorido día en el paraíso termina con el juego que el dios Zeus practica con sus despreocupadas criaturas, que sólo tienen que esconderse durante un rato para continuar con sus vidas. No se trata de un dios malvado, sino aburrido y perezoso, que entre siesta y siesta provoca desaguisados sin tragedias. Es posible que este episodio deje más bien indiferente al espectador, y en algún momento se sienta un poco despistado por los ramalazos más edulcorados de la película, que no dejan también de ser sello de la casa Disney.

En La danza de las horas de Ponchielli se retoma el reto de intentar dotar de características humanas a personajes animales. Muy divertidos los hipopótamos y los cocodrilos, no sólo en los números de baile sino en los gags que los acompañan, por momentos a velocidad de comedia loca, se llevan la mejor parte. Mientras que resultan más aburridos los avestruces y los elefantes, en un resultado global por ese motivo desigual. El personaje del hipopótamo bailarín resultó tan bien conseguido que también ha entrado a formar parte de la galería de imágenes memorables de esta película, y de la historia Disney en general. No sé si el episodio consigue del todo empastar con el tema musical, parece que pretende jugar con cada especie animal representando cada una de ellas un momento horario del día, no creo que se consiga del todo.

Mis recuerdos de Fantasia se remontan a hace más de 30 años y a un cine de Jaén, el Lis Palace, cine que ya no existe, claro. La imagen del diablo en la cima del Monte Pelado con la tenebrosa composición de Mussorgsky de fondo quedó en mi subconsciente y probablemente sea la causante a mi aversión a las películas de terror y a unas cuantas cosas más, quién sabe…El final de Fantasia no deja indiferente en absoluto, e incluye algunos de los pasajes más memorables de la película, como el ascenso y descenso de los espectros desde sus tumbas al monte para la celebración de un akelarre en danza macabra entre el fuego y la noche. Dibujos de fantasmas se proyectaron en complejos sistemas de espejos manipulados y distorsionados para conseguir el efecto deslizante de las ánimas en pena. La claridad del amanecer acaba con la fiesta negra, y la noche da paso a una procesión de seres indefinidos portando teas a través de un bosque catedralicio creado de manera maravillosa por superposición de varias capas de árboles a diferentes distancias, los reflejos en el agua rematan la evocadora e inolvidable imagen. El Ave María de Schubert nos traslada de nuevo a la luz del día, cerrando el círculo eterno día-noche, luz-tinieblas.

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Hay varios momentos en Fantasia donde me pregunto a quién va dirigida esta película, es una cuestión para la que no he encontrado respuesta, lo cual no quiere decir que me genere frustración. Fantasia es un riesgo, una aventura, con sus aciertos y sus probables desaciertos, con momentos brillantes y otros que lo son menos, hay ratos divertidos y otros un poco aburridos, los temas se mezclan, los estilos también, encuentras mensajes adultos con otros más infantiles, atmósferas luminosas con otras muy oscuras. Conceptos, símbolos, ideas y experimentos. Ambiciosa, pretenciosa y original. Fantasia no ha quedado anticuada porque tiene la gran cualidad de ser atemporal, lo que hace de ella una verdadera obra de arte y así forma parte del exclusivo grupo de los auténticos clásicos. Fantasia es una fiesta.

David Camacho.

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Un comentario en “Algunos comentarios personales sobre Fantasia

  1. Hola, David:

    Gracias por dejarnos esta generosa lectura personal de “Fantasía”, que fue realmente uno de los proyectos más anómalos y ambiciosos de Disney. Como dices, es una película muy difícil de analizar en su conjunto porque vive en el desequilibrio: hay tonos y estéticas muy distintos y en ella conviven lo mejor y lo peor de Disney. Por un lado, el proyecto nació para “elevar” la consideración de la animación como arte poniéndola al mismo nivel que la tradición de música culta. Por otro lado, para muchos melómanos, “Fantasía” degradó esa tradición poniéndola en manos de un director de orquesta “fácil”, seductor y “popular” como Stokowski.
    El fragmento de “Una noche en el Monte Pelado” también forma parte de mis terrores infantiles. Entre las curiosidades alrededor de la película: algunos planos de la Sinfonía Pastoral fueron eliminados del montaje o reencuadrados cuando se impuso el clima de la corrección política -había referencias raciales que hoy son consideradas inapropiadas- y en las sesiones hoy disponibles de la película resultan bastante evidentes esos vacíos.

    un abrazo,

    jordi

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