LO NUNCA VISTO

El mundo nunca es un lugar extraño para un niño de cinco años. En el caso de Jack, el protagonista de La habitación, la Lampara, la Planta, el Lavabo del habitáculo en el que vive con su madre, son la única lámpara, la única planta y el único lavabo que hay en el universo. La Claraboya, que es la única claraboya también, es además toda la referencia que tiene el pequeño (y el espectador, durante buena parte de la película) sobre el exterior. Todo lo que ve (un trozo de cielo) constituye su mundo entero. Y se tumba a veces a contemplarlo, sin extrañeza, sin alcanzar a imaginar que el universo se extiende más allá de la Habitación. Porque nunca lo ha visto.La habitación

La película de Lenny Abrahamson adentra así al espectador, desde la inocente mirada de un niño, en la vida en cautiverio que éste ha llevado con su madre desde su nacimiento. Y rompe con ello el primer lugar común al que nos tiene acostumbrados el cine sobre secuestros: no es la desesperación, la rabia ni la angustia lo que nos lleva, en La habitación, a empatizar con los secuestrados, sino sus rutinas, su humanidad, incluso su alegría. Brie Larson y Jacob Tremblay construyen asombrosamente una delicada relación materno-filial, en un ambiente deliberadamente claustrofóbico y, aún así, con espacio para la ternura.

Basada en la novela de la irlandesa Emma Donoghue, que también se ha encargado del guión, La habitación está dividida en dos mitades visual y narrativamente diferenciadas: la oscuridad frente a la luz, lo sucio frente a lo limpio, los planos cortos frente a los generales, el pensamiento productivo frente a la angustia vital. Y mientras en la primera parte reinan, por derecho propio, Larson y Tremblay en sus papeles de madre e hijo, en la segunda, el director dibuja, con unos pocos trazos, a un puñado de personajes secundarios bastante convincentes en sus contradicciones, que aportan complejidad a la trama.

La habitación provoca similar desasosiego en el espectador que el que sufre el pequeño Jack cuando comienza a intuir la posibilidad de que haya un mundo más allá de esas cuatro paredes. Porque, en una película de secuestros, ¿hay vida más allá del cautiverio, cuando la supervivencia y la fórmula de escape dejan de ser el motor de la historia? Y, si la hay, ¿será de verdad mejor? ¿Colmará nuestras expectativas?

Afortunadamente, en este caso, las supera. Porque lo mejor de La habitación está en ese viaje que hacemos, entre curiosos y asustados, como el niño cegado por la luz del día, por la verdadera angustia que puede sobrevenir a lo que, en otra ocasión, habría sido el final feliz.

Anaís Berdié.

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Un comentario en “LO NUNCA VISTO

  1. Hola, Anaís:

    Lamento comentar tan tarde este texto que subiste en su momento al blog. Te digo sobre este texto lo mismo que podría comentarte de la extraordinaria crítica de “High Ruse” que has hecho para la revista: escribes con una claridad realmente admirable y tu texto no desatiende ningún aspecto importante en el análisis de la película. Da gusto leerte y volver a recordar la película a través de tus ojos: no pierdas nunca esta capacidad de mirar, ni la capacidad de convertir tu análisis en palabras tan nítidas, en textos nada alambicados que son todo un triunfo de sobriedad y lucidez.

    un abrazo,

    jordi

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