La boa y el jaguar

La decisión de realizar una película en blanco y negro situada en la selva amazónica no debió de ser fácil. Parece lógico pensar que se están desaprovechando las miles de posibilidades de color, luz y texturas que puede ofrecer un paraje como la jungla, que el blanco y negro puede encajar mejor en un paisaje frío, cerrado, de contraluces y claroscuros. Pero el blanco y negro sugiere mucho más de lo que se puede percibir a simple vista. En el caso de “El abrazo de la serpiente” se utiliza para integrar elementos: el hombre blanco, el indígena, el animal, el vegetal y el paisaje, sólo se diferencian entre ellos por escalas de grises. Como contrapunto y paradoja, la integración visual potencia las diferencias no visibles: la ancestral y eterna lucha física y espiritual entre todos ellos.

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Se cuenta la historia de dos exploradores en distintas épocas del siglo XX, que por misión vital y conexión con el entorno son uno sólo. Fueron algunos de los primeros que se adentraron en la selva colombiana, y a partir de sus diarios se ha construido esta historia de conocimiento, experiencia y redención. Personajes quijotescos incluso en su aspecto, que encuentran a un mismo Sancho Panza en mitad de la selva, con él emprenden un viaje de locos que comienza siendo de investigación científica para acabar siendo de descubrimiento personal. Un viaje físico, idiomático, simbólico y lisérgico. El río como aorta que transporta lentamente almas hacia no se sabe bien dónde, la tribu y la planta perdidas como Santo Grial inalcanzable, el encuentro y desencuentro con una microsociedad que evoluciona partiendo de un forzado mestizaje cultural y religioso, y que evoca tanto a  “El señor de las moscas” como a “Apocalypse now” (quizás más a la primera), todas son piezas que se van entrelazando en el espacio, en el tiempo y sobre todo, en las infinitas tonalidades de grises de una selva ya fotografiada antes con similar intensidad por Sebastiao Salgado, entre otros.

El contexto histórico no es de menor interés y tiene una importante influencia en la historia, con los explotadores del caucho como amenaza invisible pero siempre muy cercana y amenazadora. Los rastros de su paso son los del horror y su aliento en la nuca el del agobio. Los protagonistas tienen un objetivo y están embarcados en una búsqueda, pero también huyen. Unos huyen de lo que son y otros de lo que podrían llegar a ser.

Al terminar la sesión sucedió algo poco habitual, se escucharon tímidas palmas en la sala. Pero se escucharon.

David Camacho

PD: “El abrazo de la serpiente” ha sido la primera película de la historia del cine colombiano en ser nominada al Oscar en la categoría de película habla no inglesa. En el momento de finalizar este texto ya se conocen los resultados y la ganadora ha sido “El hijo de Saúl”. Disfrutemos de ambas.

Vigilar y castigar

El cine iraní, como lo hace también en ocasiones el cine turco, nos habla algunas de las veces de la situación de la mujer. Existe un mandato social y por tanto un mandato familiar. El honor de la familia recae en el comportamiento de ella y las convenciones no aceptan lo que desde Occidente entendemos por libertades. La vida de la mujer está condicionada por la voluntad no sólo del hombre sino de todo un sistema. Es juzgada también por otras mujeres si es necesario (si se va con otro hombre, si desea ser libre, si escapa, si es humanamente mujer).

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Nahir, la ópera prima de Ida Panahandeh, cuenta una historia de vigilancia y castigo. Nahir puede tener la custodia de su hijo solo a condición de que no se divorcie. Nahir tiene muy poco dinero y un ex marido drogadicto en recuperación. Nahir se enamora de otro hombre. Nahir está entre la espada y la pared.

El elemento de vigilancia es todo un sistema patriarcal pero es también una cámara. El nuevo amante de Nahir tiene un hotel con cámaras de seguridad que graban, entre otros ángulos, la orilla del mar. A orillas del mar los amantes se dan el anillo, hablan de amor, buscan escape. Nahir está mucho más asustada que él y no es de extrañar que así sea en esa sociedad. El castigo es quitarle el hijo. Y culparla de una deshonra familiar. Porque Nahir hace lo que no se espera de ella: vive.

Pienso en la película turco-alemana Die Fremde y reconozco la misma estructura familiar y el mismo conflicto consecuente: marido violento o enfermo, mujer que se aleja de eso sin desear nunca (ni hacerlo de hecho) alejarse de su hijo, hijo que acompaña a la madre pero que no odia al padre porque el padre es el padre, y familia (de ella o de él) que condena a la mujer por esa huida, por ese escape, por esa distancia que en ojos de ellos lo que hace no es proteger al hijo y a ella misma sino destruir una unidad familiar como si ya no estuviera destruida (es que si lo estaba no les importa, sólo es preocupante esa destrucción para los miembros de la familia en tanto se haga pública o evidente, en tanto salga de las puertas de casa para afuera y los vecinos y la comunidad musulmana puedan reconocerla, porque ahí entra la deshonra y la vergüenza en el hogar). Por último: el hijo de acá para allá, cada una de las partes tirando de un brazo. Es la disputa.

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La belleza de la película de Panahandeh está en los cielos y el agua. A pesar del entorno pobre, de las barriadas, los antros humeantes de cigarros y las canchas de fútbol, de pronto rompen la narración de lo precario ciertos elementos de la naturaleza que aportan su grano de lirismo visual. La escena de la barca con el hijo en sus brazos puede verse como una de las más bellas escenas del cine iraní. El rostro de Nahir y una cámara que sabe perseguirla como parte de esa persecución que ella vive narran su desesperación pero también su feminidad y su belleza.

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Ya se había lucido esta actriz, Sareh Bayat, en Nader y Simin, la excelente película de Asghar Farhadi en la que un matrimonio iraní está en pleno proceso de divorcio. Aunque la propuesta de Panahandeh va en esa línea de lo familiar atravesado por un régimen de vida, por un Estado islámico, lo hace desde otro punto de vista donde lo femenino ocupa el centro y donde las acciones son la vigilancia y el castigo. Nada tiene que envidiarle Nahir al film de Farhadi y menos si consideramos que se trata de una ópera prima.

Vigilar y castigar es uno de los títulos más famosos de Michel Foucault. Parece demasiado occidental el filósofo como para tolerar ser título uno suyo también de esta crítica. Sin embargo, la mujer musulmana tal vez esté ante ese panóptico que el libro o ensayo de 1975 proponía. Un panóptico oriental.

Florencia del Campo

ELOGIO DE LA ESTUPIDEZ

Enfrentarse a la segunda parte de una película de culto no es tarea fácil; todas las miradas están al acecho para elevarla o denostarla, la cinta se somete a un juicio mucho más intenso del que vivió su predecesora, que, por definición, pasó más bien inadvertida en su estreno. Ese fue el caso de Zoolander, que consiguió una recaudación modesta en taquilla, pero que ha engrosado en los últimos quince años un batallón de adeptos que ha convertido la mirada “acero azul” de su protagonista en un hito de la pantomima moderna. Y Ben Stiller (director, guionista, productor, protagonista, difícil no calificar su trabajo como una obra “de autor”, aunque tal consideración en el género de la comedia idiota no goce de muy buena fama) ha decididoZoolandre nº 2 volver con amplias dosis de mitología de su propia parodia, como en un juego de espejos cada vez más deformantes que, sin duda, complacerá a los devotos.

Aunque la edad pasa para todos y Ben Stiller admite haberse alejado algo del humor físico, la cinta, además de una sátira (todavía hilarante) del mundo de la moda, mantiene la capacidad de reírse también de las propias formas cinematográficas, como ya lo hizo en la primera parte (esa gloriosa escena de la gasolinera con final explosivo). Los protagonistas en apuros tratando de encontrarse a sí mismos, el accidente de coche alargado al extremo, el escape de prisión. Situaciones siempre activadas por la somera imbecilidad de los personajes. Será un recuso fácil, viejo quizá, pero en manos de Stiller permite confirmar que aún es posible actualizar la figura del tonto del pueblo (o de la pasarela) con la particularidad (no siempre igual de fácil) de dotarle de los atributos necesarios para que el público lo acepte como el héroe.

Una Penélope Cruz digna en su vena cómica, la ciudad de Roma como aliciente “exótico” y un aluvión de deslumbrantes cameos, sirven para dotar a esta segunda parte de personalidad propia. Merece la pena señalar que la profusión de apariciones estelares en la saga Zoolander tal vez debería ser considerada una categoría del gag visual en sí misma (o alguien puede no sonreírse al ver a Valentino en busca de la fuente de la eterna juventud, a Sting en un confesionario, a Bieber subiendo a la red una foto de su muerte o al astrofísico Neil deGrasse Tyson reflexionando sobre nuestro lugar en el universo).

Los amantes del humor absurdo culminarán, pues, Zoolander Nº 2 con suma satisfacción, pues el ritmo enloquecido de gags, con la estupidez de sus protagonistas como resorte omnipresente, se mantiene hasta el último plano. Algo que confirma el músculo de este grupo de actores cómicos, siempre dispuestos a la hipérbole humorística. Stiller, Wilson, Ferrel y compañía (en Estados Unidos se les conoce como el Frat Pack, en irónica alusión al grupo que se formó alrededor de Bogart primero y Sinatra después, a mediados del siglo pasado) funcionan tan bien juntos que a uno le apetecería formar parte de su banda para seguir disfrutando, por qué no, más allá de la salida de la sala de ese placer confesable de la tontería porque sí.

Anaís Berdié.

AFLIGIR A LOS CONFORTABLES

En tiempos en que la información envejece antes de haber tenido tiempo apenas de escribirla (no digamos ya de leerla), conforta sentarse a contemplar todos los delicados resortes que es necesario activar para desentrañar una pequeña parte de esa verdad que tan cuidadosamente se encargan de ocultar los “intocables”.

No cabe duda del valor que tiene la historia que cuenta Spotlight: la del empeño de un grupo de periodistas, no solo por sacar a la luz los terribles abusos infantiles cometidos por sacerdotes durante décadas, sino por apuntar alto, por probar la connivencia, el encubrimiento, el silencio culpable de los que mandan. Lo que convertía la noticia en escándalo. La persecución de esa vieja máxima del periodismo que gustaba de citar el reportero Michael Rezendes, a quien da vida Mark Ruffalo: “confortar a los afligidos y afligir a los confortables”.

Ruffalo compone brillantemente a un reportero tenaz y con ese carácter imposible, entre introvertido y carismático (entre las manos en los bolsillos y la fuerza de su retórica idealista), que tan bien encaja en el imaginario del periodista absorbido por la profesión. Uno de los mayores atractivos de la película, quizá no del todo explotado en una cinta muy coral, con un reparto, por lo demás, competente, que no deslumbrantSpotlighte.

La historia de Tom McCarthy atrapa y crece de forma natural en la pantalla aunque, una vez terminada, no acompaña durante mucho tiempo fuera de la sala, no deja la huella esperada, dada la magnitud de lo expuesto. Piensa uno en la reciente El club, impactante obra sobre los abusos dentro de la Iglesia, y en ciertos hallazgos entre la belleza y la náusea que tardarán en desaparecer de la memoria. Recuerda el minimalismo formal de Todos los hombres del presidente y la sintonía seductora que desprendían los personajes de Redford y Hoffman. Y resulta inevitable preguntarse qué quedará de Spotlight con el paso del tiempo.

Aunque quizá en este caso la sencillez en el relato y el academicismo estén al servicio de los datos, como ese periodismo serio que defiende, en el que todo el sudor, el miedo, los egos, no tienen la menor importancia una vez que la historia llega al público. “Y el teléfono no dejó de sonar…” Quizá en estos tiempos en los que la información busca redefinirse, sea bueno también reflexionar sobre esto.

Anaís Berdié.

A través del cuadro

(Crítica de La chica danesa)

 

La mujer que se mira delante del espejo es uno de los motivos visuales más rotundos asociados a la caracterización de lo femenino en el cine. Una mirada y en ella el deseo o la inquietud por conocer, por verificar un cambio o la identificación propia, ya que ese gesto, ponerse delante y mirar, se revierte siempre hacia dentro. En una escena concreta de La chica danesa, una de las dos protagonistas también se mira en un espejo, pero el motivo ya se ha presentado y reiterado antes bajo una variante bastante novedosa. Lo proporciona el mismo argumento, que se basa en hechos reales. En esos momentos la mirada no atraviesa una superficie pulida y fría, sino que el pasaje se produce a través de varios lienzos y las pinturas sobre los mismos: la película cuenta la vida que compartieron la mujer Lili Elbe (antes el paisajista varón Einar Wegener), la primera persona en la historia que se sometió a la cirugía en su deseo de reasignación de género, y Gerda Wegener, esposa de Einar y retratista que usó a su marido para sus obras en funciones de modelo femenino. El cuadro se hizo entonces espejo y Lili, la chica danesa que estaba oculta, se vio y lo traspasó.

Adaptación de la novela homónima que escribió David Ebershoff – y sin pretensiones de exactitud a la hora de elaborar las biografías de aquellos artistas -, la película saca partido de la premisa pictórica, tal vez no hasta el límite donde podía llevarla, y después se hace evidente que pocos elementos posee más para escapar de los esquematismos que la explican en cuanto a ejemplar de temporada según la formula, con un ojo puesto sobre los premios, de “biopic más melodrama”. Y es que si hay algo que perjudica mucho a La chica danesa es el hecho de contar una historia de transgresión en términos, valga la redundancia, muy poco trasgresores, bien sea respecto a la realización casi siempre mecánica que define al director Tom Hooper – quien no abandona sus grandes angulares repentinos, porque sí y tan contento que se queda -, bien por la ausencia de las intensidades y los torbellinos internos que se le suponen a las vivencias de una persona pionera dentro de un mundo a la contra.

El conjunto se queda sin remedio en lo que es, aunque cabría destacar dos aspectos que lo diferencian de otras producciones similares. Por una parte flota cierto aire a melodrama esencial, al ocupar las figuras de Einar, Lili y Gerda la práctica totalidad de la atención de espectador ante la pantalla, y cuyo correspondiente visual sería la tendencia a la contención, e incluso vaciado, en la escenografía. Pese a ello no se saca partido a ese enfoque una vez se plantea. Y por otra, hay que agradecer el equilibrio entre los protagonistas. Se sitúan hasta el final dentro de un mismo plano de interés la figura doble del hombre que cambió a mujer y la esposa que pintó sin querer los espejos que lo propiciaron todo, en gran parte gracias a la buena labor de Eddie Redmayne y a la mejor aún de Alicia Vikander.

 

Mis películas de 2015

Perdón por el retraso. Ahí va mi lista. Me faltaron bastantes por ver que intuyo que me gustarán (he intentado ponerme al día, pero ya la vida no da para más, jeje). Así que la publico como está:

INTERNACIONALES

45 años

Langosta

Dheepan

El clan

El club

Bernie

Yo, él y Raquel

Mandarinas

Birdman

Whiplash

 

ESPAÑOLAS

La Novia

Nadie quiere la noche

Un día perfecto

Truman

B.

Negociador

…y las dos siguientes no me encantan pero, como no llego a 10, las añado porque creo que tienen sus cosas buenas…

El desconocido

Requisitos para ser una personas normal

De vuelta al cine clásico de “aventuras”, con un toque de “western”

revenant-gallery-01a-gallery-imageEl director mexicano, Alejandro González Iñárritu, evidenciando que aún se puede atraer a la audiencia con una historia de corte clásico dentro de una gran producción. El Renacido (The Revenant) está inspirada en hechos reales y vagamente basada en la novela del año 2002, The Revenant: A Novel of Revenge, del escritor Michael Punke. Es una película que plasma el género de aventuras y el western, mezclado con el eterno tema de la sed de venganza, de una manera en la que actualmente son apreciados únicamente al ver clásicos tales como Deliverance de John Boorman o algún western de Clint Eastwood.

El Renacido es una clásica historia acerca de la supervivencia a toda costa descrita de una manera cruda, real y sin tapujos; en donde el maquillaje, los efectos visuales y el montaje, jugaron un papel fundamental al ser realizados con precisión, y en la cual la “sed de venganza” se convierte en el motor de vida del protagonista.

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En sus primeros minutos la película nos brinda un exquisito plano secuencia, el cual es aprovechado al máximo en la batalla inicial de la cinta y que claramente posee el sello del editor Stephen Mirrione; quien el año pasado fue uno de los encargados del montaje de “Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)”, también de González Iñárritu.

Leonardo DiCaprio nos brinda una convincente interpretación que, en gran porcentaje de la película, carece de diálogo, ya que el personaje de “Hugh Glass” presentaba una herida producida por un oso, la cual le lesionó las cuerdas vocales.

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Galo Carchi Andía ©

Más allá de narrar la enfermedad de la madre

Pienso en películas que hayan narrado la enfermedad de la madre. Entre las relativamente recientes mi memoria invoca Agosto, que en realidad es una obra de teatro antes de ser cine. La madre, interpretada por Meryl Streep en la versión cinematográfica de John Wells, no es la mamá buena a la que todo el mundo va a echar de menos cuando muera. La madre es conflictiva, y de esa característica particular disparan los dramas familiares antes y después de la muerte. Es decir, durante la enfermedad, que a veces sobrevive al que la padece, si por enfermedad entendemos la de todos, la de la familia.

Pero hay otro cine menos oscuro, y es el caso del de Nanni Moretti, aun cuando quiere sumergirse (nunca mejor el verbo para la película a la que me voy a referir) en el drama. Lo había ensayado en La habitación del hijo, donde la catástrofe (concretamente, la muerte) irrumpía en la armonía y hasta en la pretenciosa perfección familiar para descolocar a esos seres que no saben ser infelices. Un poco de tormento y descontrol, de dolor y caos, como consecuencia de esa muerte, para igualmente acabar con la sonrisa de todos los miembros supervivientes de esa familia perfecto-burguesa luciéndose al sol de una frontera con Francia, meciéndose al son de la brisa del mar.

En Mia Madre no es difícil adivinar que quien va a morir no es el hijo, esta vez, sino la madre. La madre ejemplar y culta, la maestra de todos, la voz autorizada y sabia, la entrañable, la fresca, pero la mortal.

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Nanni Moretti (con cara de Nanni Moretti, como siempre, y esta apreciación no es irónica, es real: él hace de sí mismo o bastante parecido a sí en casi todos sus films) interpreta al hijo de la anciana que va a morir, y Margherita Buy a la hija de ella y hermana de él.

“Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera”, dice el “Martín Fierro”, el texto fundacional de una literatura argentina, algo así como el Quijote gaucho, y la ley se cumple aquí (no en cambio en Agosto) porque entre ellos no asoma conflicto. Son personajes atravesados por la pena, pero también por el amor. Amor a la madre. Pena porque van a perderla. Si hay que comprar un tubo de oxígeno, se reparten los gastos. En cualquier caso, para los personajes de Nanni Moretti las cuestiones económicas no suelen ser un drama.

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Sin embargo, si algo tiene el cine de Moretti, además de perfecto-burgueses, intelectuales que estudian latín, profesionales de las artes o las humanidades, casas preciosas y sonrisas perpetuas, es interés por las cuestiones políticas (casi siempre referidas al contexto político italiano) y, como por derivación (aunque no necesariamente tenía que darse), cierta inclinación por el cine social. Y aquí la segunda capa (como si fuera un trabajo hecho en layers) que compone Mia Madre y que, combinada con la primera, le aporta bastante interés a una historia que si no, no aportaba tanto a un tema que ya se narró con maestría (solamente Agosto me vale para creerlo).

Lo curioso, y celebrable, es que el componente de cine social que tiene esta última película de Moretti está dado a través de la metaficción: pertenece al género de cine social la película que se está rodando en la película. Margherita (el personaje que interpreta Buy, y que se llama igual que ella, pero a quien podemos pensar como alter ego del propio Moretti) es directora de cine y está rodando un film cuyo actor estrella es traído de Hollywood (y lo interpreta con su gracia natural John Turturro). Esa película trata sobre los despidos y las huelgas en una fábrica.

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Dos capas: la vida interior, intimista, y la vida social. Lo privado y lo público. Lo real y lo ficticio. La madre y el cine. Lo minimalista y la megaproducción.

Y ambas combinadas forman un todo que se salva. Un todo que rescata a Moretti para presentarlo como ese director que se ocupa no de lo íntimo sin atender a lo social ni de lo social sin atender a lo íntimo (aunque ninguna de las dos cosas estarían mal en sí mismas sino que podrían fallar –o no- en propuestas concretas) sino precisamente de ese lugar, ese punto preciso, donde lo íntimo y lo social se presentan en tensión.

En este sentido, Mia Madre es una reflexión sobre esa tensión. Una tensión que, como perturba e inquieta al personaje de Margherita, entonces puede leerse que a quien perturba e inquieta es al propio Nanni Moretti. Menos mal, porque si era una película sobre la enfermedad de la madre, entonces yo prefería ver Agosto de nuevo.

Florencia del Campo

Mis películas de culto favoritas

Hola a todos,

Tengo un gusto culposo por el cine de culto.  A continuación les comparto algunas de las películas de culto que más me gustan.  Espero que si comparten este gusto por esta clase de cine, también publiquen su lista.  Espero que podamos compartir listas de todo tipo de géneros.

  • Terroríficamente Muertos (Evil Dead 2) de Sam Raimi (Estados Unidos)
  • Mal Gusto (Bad Taste) de Peter Jackson (Nueva Zelanda)
  • Braindead: tu madre se ha comido a mi perro de Peter Jackson (Nueva Zelanda)
  • Ichi the killer de Takashi Miike (Japón)
  • Red State de Kevin Smith (Estados Unidos)
  • Storm Warning de Jamie Blanks (Australia)
  • Acción Mutante de Álex de la Iglesia (España y Francia)
  • Red White & Blue de Simon Rumley (Reino Unido y Estados Unidos)
  • La Ciudad de los Niños Perdidos de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro (Francia, Alemania y España)
  • Seducción Mortal (All the Boys Love Mandy Lane) de Jonathan Levine (Estados Unidos)
  • Secuestrados de Miguel Ángel Vivas (España y Francia)
  • Anticristo de Lars von Trier (Dinamarca, Alemania, Francia, Suecia, Italia y Polonia)
  • V/H/S/2 de varios directores, por contar con varios segmentos (Estados Unidos, Canadá e Indonesia)
  • El Hombre Elefante de David Lynch (Estados Unidos y Reino Unido)
  • El Almuerzo Desnudo de David Cronenberg (Canadá, Reino Unido y Japón)
  • eXistenZ de David Cronenberg (Canadá y Reino Unido)
  • Intacto de Juan Carlos Fresnadillo (España)
  • La Cabaña en el Bosque de Drew Goddard (Estados Unidos)
  • Wolf Creek 2 de Greg McLean (Australia)
  • El Regreso de los Muertos Vivientes de Dan O’Bannon (Estados Unidos)
  • Abierto Hasta el Amanecer (From Dusk Till Dawn) de Robert Rodriguez (Estados Unidos)
  • Santa Sangre de Alejandro Jodorowsky (México e Italia)
  • Zombies Party (Una noche… de muerte) (Shaun of the Dead) de Edgar Wright (Reino Unido y Francia)
  • La Casa de los 1000 Cadáveres de Rob Zombie (Estados Unidos
  • Inbred de Alex Chandon (Alemania y Reino Unido)
  • Eden Lake de James Watkins (Reino Unido)
  • Los Héroes del Tiempo (Time Bandits) de Terry Gilliam (Reino Unido)
  • Ed Wood de Tim Burton (Estados Unidos)
  • Arizona Baby (Raising Arizon)a de los hermanos Coen (Estados Unidos)
  • SOS Summer of Sam (Nadie está a salvo de Sam) de Spike Lee (Estados Unidos)
  • Vaya Par de Idiotas (Kingpin) de los hermanos Farrelly (Estados Unidos)
  • Motorama de Barry Shils (Estados Unidos)
  • Sexy Beast de Jonathan Glazer (Reino Unido y España)
  • Sangre Fresca (Una Chica Insaciable) (Innocent Blood) de John Landis (Estados Unidos)

 

A continuación los directores de culto más emblemáticos:

 

Lars von Trier
Lars von Trier
Robert Rodriguez
Robert Rodriguez
Los Hermanos Coen
Los Hermanos Coen
Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet
Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet
Rob Zombie
Rob Zombie
John Waters
John Waters
Quentin Tarantino y Kevin Smith
Quentin Tarantino y Kevin Smith
John Carpenter
John Carpenter
Spike Lee
Spike Lee
Álex de la Iglesia
Álex de la Iglesia
Terry Gilliam
Terry Gilliam
David Cronenberg
David Cronenberg
Dario Argento
Dario Argento
David Lynch
David Lynch
Alejandro Jodorowsky
Alejandro Jodorowsky
Edgar Wright
Edgar Wright
El actor John Jarratt junto al director Greg McLean
El actor John Jarratt junto al director Greg McLean
Eli Roth
Eli Roth
El director Simon Rumley junto al actor Noah Taylor
El director Simon Rumley junto al actor Noah Taylor
Gaspar Noé
Takashi Miike
Takashi Miike
Paul Verhoeven
Paul Verhoeven

 

Galo Carchi Andía ©