Prohibido ser soltero

La película empieza bien: un mundo en el que no está permitido no tener pareja. Los solteros deben alojarse en un hotel donde tienen poco más de un mes para conseguir una. Si en ese periodo no lo logran, se convierten en el animal que hayan elegido. El personaje que interpreta (con cuantas menos expresiones faciales, mejor) Colin Farrell elige convertirse en langosta. Los animales son abandonados en el bosque a la buena de la Naturaleza. Pero el amor reclama, para existir, una condición: los amantes deben poseer un mismo rasgo o característica. Un cojo, con una coja; una chica a la que le sangra la nariz, con otro sangrante; una desalmada con un desalmado; una mujer con pelo hermoso, con un hombre con pelo igual de hermoso. ¿Eso es amor? Curioso, esta idea ni siquiera alude a la del amor como complemento (bastante discutible también, pero en cuya lógica un pelo precioso necesitaría, por ejemplo, un peine y una nariz sangrando, un pañuelo…) sino que propone la idea de amor en la repetición, en la coincidencia.

Pero algo insólito sucede, y es que cuando el espectador está entendiendo las reglas de este mundo y disfrutando de ese universo a través del excelente sentido del humor que la película maneja, cambia de registro para desplazarnos al mundo paralelo del hotel, que es el afuera, el bosque. Allí habitan los solteros, los que eligen ser solteros y escapar a la normativa estricta del sistema, representado por el adentro, por el establecimiento, por la institución. Y aquí la sorpresa: ese mundo paralelo es igual de estricto que el anterior. No es la escapatoria, es otra cárcel. En el mundo de los solteros, que es un mundo no-oficial al margen de la norma y de la sociedad (viven como salvajes, de hecho), está prohibido enamorarse o tener pareja. Una de las misiones más importantes de estos salvajes es huir, escapar de los huéspedes del hotel cuando estos salen a cazarlos como si fueran liebres.

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Yorgos Lanthimos nos tiene acostumbrados a mundos diferentes, con lógicas ilógicas o sistemas extravagantes. Canino lo supo hacer muy bien, de hecho. Pero en Langosta, aunque me parece una película más que digna e interesante, ciertas decisiones formales y de argumento resultan, por lo menos, extrañas.

¿Por qué demorar tanto la aparición de ese segundo mundo, el de los solteros? Parecía que la película iba de lo otro. La demora exige volver a hacer un pacto con la ficción. Justo cuando el espectador se relajó y empezó a disfrutar del absurdo y de la comedia del universo del hotel, resulta que cambian los personajes, los escenarios y la realidad.

Respecto a la voz en off que narra la historia, que en un primer momento parece ser la de un narrador omnisciente aunque luego, al entrar en escena el segundo universo, descubrimos que en realidad es un personaje que habita ahí: ¿desde qué lugar cuenta? (hasta me animaría a preguntar desde qué lugar ético y emocional cuenta). Y por qué es necesaria esa voz en off, qué nos aporta (¿es acaso porque necesitamos un relato para un cuento que es cualquier cosa menos de hadas?). ¿Es un capricho estético el giro en la focalización del punto de vista? (¿tan caprichoso como el de demorar tanto la entrada del mundo de los solteros?).

¿Por qué los dos universos son igual de intolerantes, de normativos y de injustos? ¿Qué nos está contando, en verdad, la voz en off que nos cuenta? Si la película quiere decir que la sociedad está tan enferma como para no tolerar una cosa pero tampoco la otra, y la única alternativa posible frente a eso es la violencia, me parece que funciona. ¿Pero no valía la pena, ya que se oponían dos mundos, hacer precisamente eso: oponerlos?

Violencia al interior de cada mundo: en el hotel un hombre se masturba (prohibidísimo) y es torturado metiéndole la mano en una tostadora hasta quemarla; en el bosque una mujer se enamora y es torturada cegándola.

Violencia entre los mundos: los solteros con intenciones de pareja salen a cazar con dardos a los solteros por voluntad. Los segundos atacan a los solteros del hotel de forma física o psicológica (y están dispuestos a matar).

A la mujer que queda ciega (Rachel Weisz) ni se le ocurre que amor podría ser que su amado la aceptara ciega; a su amado ni se le ocurre aceptarla como quedó. Estas posibilidades ni existen en el universo de ellos (que no es el hotel, pero es igual o casi peor). Ella se angustia por no ser ya igual que él (ella es ciega, él no es ciego) y la única solución que barajan es que él también se ciegue. ¿A nadie se le ocurre enfrentarse al mandato? Quiero decir: si no se les ocurre “con la cabeza”, si esa idea no arriba, ¿tampoco hay cambio posible, “ocurrencia posible”, a nivel emocional o irracional? ¿Ni siquiera desde lo irracional, el delirio, el amor delirante o loco, la locura hasta si se quiere, ni siquiera desde ahí hay, no ya salvación, sino por lo menos ideas alternativas, visiones diferentes, “iluminación”? No.

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¿Entonces? ¿Qué nos quiere decir la película? ¿Qué no hay alternativa nunca, en ningún lugar? Muy bien, vale. Pero no estoy segura de que valga la pena no rescatar ni a un solo humano, ni un solo rasgo de “amor”, pero amor en sentido amplio, mucho más allá del amor romántico.

¿Qué nos quiere decir la película: que la humanidad es tan estúpida que ni siquiera enamorada es capaz de luchar por algo que encima es más justo que la norma? Muy bien, vale. Pero entonces tal vez sea una película tremendamente pesimista que no da lugar a ningún tipo de lucha. Una película peor que anarquista o nihilista: una película que no enseña nada.

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Sin embargo no lo creo, sería incapaz de decir que esta película no enseña nada o no brinda nada. Pero entonces, ¿qué dice, qué nos da? Por lo menos, a mí, la posibilidad de todas estas preguntas. Y el placer de una escena más que bella: el momento de la primera caza, en cámara lenta y con música a ritmo, conformando una especie de coreografía donde la sangre sobre la naturaleza parecen combinarse para el mejor de los bailes posibles.

Y que quede claro: no estoy criticando que la película no tenga un final feliz, claro que no. No estoy criticando que en medio de la podredumbre no haya una pareja extraordinaria que lo puede todo, ni estoy reclamando la idea de que el amor lo puede más. Todo lo contrario: apoyo la valentía de la película y celebro su escape de los lugares comunes y de la cursilería. Sin embargo, lo que echo en falta es una fisura, la que sea. La grieta que permita que algo suceda, que se filtre. Porque si no, me quedan dos mundos que aunque enfrentados, son casi idénticos y nada se abre o se cuela ahí porque nada lo quiebra. Casi tan malo como si me quedara una película de tesis, aunque por supuesto esta no; es demasiado confusa para bajar línea.

Florencia del Campo

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3 comentarios en “Prohibido ser soltero

  1. Hola Florencia. Creo que Langosta me provocó sensaciones parecidas a las tuyas. Me fascina el planteamiento inicial pero, como tú bien argumentas, me quedo sin saber de qué quería exactamente hablarnos el director. Me quedo con la sensación de que gran parte del atractivo de la cinta es puro deleite estético, visual, cruel, humorístico, etc. Es decir, encuentro grandes ideas en muchas secuencias pero me quedo pensando que no tienen un trasfondo muy concreto. Lo que más lamenté viéndola es encontrar lo que para mí son ciertas incosistencias en el universo propio de la película, como el hecho de que la pareja de enamorados sea incapaz de encontrar nada en común cuando las coincidencias entre las demás parejas son, en el fondo, tan nimias muchas veces. De nuevo me parece que es un recurso al servicio de esa secuencia final impactante, pero que resta coherencia narrativa a la historia (tal vez si no hubiera existido la escena en la que Colin le hace sucesivas preguntas a su enamorada en busca de la ansiada coincidencia -“¿hablas alemán?”- no me habría chocado tanto, o quizá sea requisito para seguir a Lanthimos el abandonarse a la fábula extrema, pero a mí eso me sacó definitivamente de un mundo que, en su conjunto, creo que sí trata de mantener su propia coherencia interna). En conclusión, creo que es una película muy digna de ver, llena de buenas ideas y con un tono, sin duda, original pero a la que le achaco una cierta de renuncia del fondo en favor de la forma. ¡Un saludo!

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  2. Hola, Florencia y Anaís:

    Me parece muy interesante lo que os ha ocurrido con esta película y creo que tanto la critica llena de preguntas estimulantes de Florencia como el comentario de Anaís son buen resultado de la naturaleza provocadora e intranquilizadora de esta película. Tenía ganas de verla -porque me gustaron mucho tanto “Canino” como “Alps”- y vuestro conflicto con la película me llevó finalmente a verla para ver si tenía respuesta a algunas de vuestras cuestiones.

    Me temo que no salí de la sala con ninguna solución mágica al debate, pero sí con la convicción de que me habñia gustado más que a vosotras y con la certeza de que no estoy en absolito de acuerdo con Anaís en su afirmación sobre la renuncia al fonco en favor de la forma: creo que esa forma gélida y esa manera de encuadrar a los personajes sirve completamente al fondo de esta historia que habla de dos universos normativos igualmente asfixiantes, tan asfixiantes como pueden serlo dos formas tan distintas de reglamentar la sociedad somo el capitalismo y el comunismo.

    En esta película entramos en el terreno de la metáfora extrema en clave de comedia negrísima y también en el terreno de un acentuado lenguaje simbólico. Creo que muchas de las preguntas que te planteas, Florencia, tienen sentido, por así decirlo, en nuestro mundo real, pero no tanto en el universo que plantea la película, donde la realidad está afectiva y lingüísticamente atrofiada. Entiendo que desees que los personajes encuentren, por así decirlo, una posibilidad de escape y creo, tras darle bastantes vueltas a la película, que la encuentran, aunque a nuestros ojos pueda parecer aberrante y cruenta. Si el tema de fondo es el amor y el afecto -o la atrofia del amor y el afecto-, los personajes de Colin Farrell y Rachel Weisz son los únicos que aman (se aman) realmente en la película, pero, al vivir en ese universo tan codificado, el único modo de habilitar ese amor pasa por el sacrificio. El sacrificio final de Farrell sería, en este caso, un sacrificio real en comparación con el simulacro de sacrificio que ejecuta el personaje que se golpea la cabeza, dentro del hotel, para que le sangre la nariz.

    Los responsables del hotel son los supuestos garantes de la idea de amor que rige en esa sociedad distópica: cuando incursionan en el hotel los rebeldes y someten a la pareja de propietarios a ese dilema moral, queda en evidencia la fragilidad de esa concepción codificada del amor en ese entorno ordenado.

    No sé si me explico bien, pero veo la luz de la película en esa relación Farrell/Weisz, enfrentada a dos frentes igualmente dogmáticos y represores. En cierto sentido, la película es muy parecida en su discurso a “Canino”, donde también tenemos un entorno claustrofóbico (una cárcel social) y un ritual de sacrificio para salir de él. El desenlace de “Canino” no era menos pesimista que el de “Langosta”: de hecho, creo que allí era más pesimista, porque aquí, en el fondo, hay amor o su posibilidad. Por supuesto, ni Farrell, ni Weisz llegan a entender que hay otras posibilidades de amarse y de rebelarse porque esta realidad futura ha conquistado lo más radical: el lenguaje y, por tanto, la herramienta de cada individuo para descifrar el mundo y conceptualizarse a sí mismo.

    un abrazo,

    jordi

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  3. Hola Jordi Y Anais:

    Me encanta la lectura que has hecho, Jordi, de dos universos igualmente asfixiantes como el capitalismo y el comunismo. Ahora lo que lo dices tengo ganas de gritar “¡Sí, era eso! ¿Cómo no lo vi?!”. Y aceptando esa hipoótesis, entonces todas mis preguntas, pero sobre todo la que preguntaba por qué dos universos iguales, se responden. Porque dos opuestos pueden ser dos iguales.
    También me parece súper interesante la distinción que encuentras entre sacrificio real y sacrificio artificial.
    Y lo del lenguaje y la imposibilidad de decodificar el mundo sin él me parece crucial.
    Sí, Jordi, lo veo, veo lo que dices.
    Gracias por tus aportaciones y tu punto de vista.
    A ti también Anais, aunque estabas más de mi lado, jejeje.

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